Un repaso al paso
El Nuevo Testamento comienza con el libro de "Mateo", seguido por el de "Marcos", luego por "Lucas" y por último el de "Juan". A estos libros se los denomina Evangelios, palabra que significa Buena Nueva. De la tradición cristiana se desprende ese orden sucesorio, ya que se creía que el autor de "Mateo" había sido cronológicamente el primero en escribir. Como se sabe, eso no es así. Aunque los rumores fundacionales cristianos, conocidos como Tradición, todavía hoy en día pretendan hacernos creer que "Mateo" fué el primero en redactar su evangelio y encima, que este autor era Mateo el publicano llamado por Jesús para seguirle como discípulo. Todo esto sin ningún fundamento histórico con el que se pueda aceptar tal atribución.
Probablemente se pensará que inmediatamente despúes de la redacción final de los evangelios sagrados, ya se los identificaba con sus supuestos autores. En realidad no. Solamente y en forma bastante tardía se puede relacionar las primeras citas identificables a algunos de los evangelios a partir de Justino Mártir que escribió entre el 150 y 160 dEC y él los denomina simplemente "memorias de los Apóstoles". Aunque Eusebio comenta sobre un trabajo perdido (¡si otro más!) y escrito alrededor de 130 dEC, en el que el obispo Papías hizo mención sobre dos piezas de "Mateo" y "Marcos", todo indicaría que no habría visto esos documentos (al primero lo denomina "dichos del Señor en hebreo" y al segundo lo describe como un trabajo no narrativo). Cualquier otra cita de material evangélico anterior es en forma aislada una tradición flotante que no se acerca al resultado final.
El Evangelio de ... ¿Mateo?
En el caso del "Evangelio según San Mateo", sabemos que su fuente fue ... no la inspiración divina, sino la copia. Para redactar este evangelio, el autor desconocido, utilizó a "Marcos" y otro material también anterior llamado Q (del alemán quelle significando fuente). "Mateo" fue escrito posiblemente en Egipto por un judío helenizado el cuál tenía muy poca habilidad creadora y literaria. Dejaré para otra ocasión un análisis más detallado y minucioso del contenido general.
Entonces, si no fue Mateo, el recaudador de impuestos el autor del evangelio que se le adjudica, ¿quién?. A no ser de que una paloma parlante nos lo cuente, no hay posibilidades de saberlo.
Al cristianismo le pareció ver en Mateo, ese "pecador" despreciado por los judíos debido a su profesión, al escritor de este libro. Esto seguramente se debe a un análisis interno responsable, desprejuiciado y objetivo.
Se sabe que a medida que el tiempo pasa, las historias y leyendas, van cambiando y se enriquecen con otras que, luego se terminan asimilando. Este es el proceso que afectó a los sinópticos, por ejemplo. "Mateo" al copiar a "Marcos", incluyó material que le pareció conveniente pero que desafortunadamente, terminó desvirtuando el original. "Mateo" es muy fantasioso y conocedor de leyendas persas y sobre todo egipcias. Al ser un judío alejandrino, tendría un amplio material disponible. La cuestión de la fantasia, sin embargo, es muy normal en los escritos canónicos (inclusive en los apócrifos lo es aún más). Así, este judío obsesionado por demostrar que Jesús era el Mesías esperado, no dudó de incorporar material legendario y profecías ajenas para demostrarlo. Tampoco le importaba si el resultado sería coherente o no, aunque posiblemente no sería muy consciente de ello. "Lucas" por su parte, obró como un cirujano con el desastre que dejó el autor de "Mateo". Tuvo que surcir y remendar muchos pasajes, por lo que se entiende las discrepancias que en ellos se encuentran.
A ver si podemos dejar una luz en este verdadero galimatías (1).
Unicamente en "Mateo" se dice que, el Leví de "Marcos" y "Lucas", cobrador de impuestos llamado por Jesús para acompañarlo en sus andanzas, se llama Mateo de nombre (Mat9:9). No Leví, como en los otros sinópticos (Mar2:14-Luc5:27), sino Mateo que para la Tradición es la misma persona. Claro, se me dirá para objetar mi duda, que era normal por esa época, llamarse de varias maneras, merced a diferentes apodos o sobrenombres. Respuesta: no era más normal en esa época que en esta, o sea, existieron las mismas posibilidades que hoy en día. Pero para las necesidades clericales si se precisó que Mateo se transformara en Leví. En la nómina de doce discípulos que se da en "Mateo"(Mat10:1), no aparece Leví, pero si Mateo con la oportuna aclaración: "recaudador de impuestos", para que la cifra no ascienda a trece discípulos. Si leemos con atención "Marcos" (Mar3:16) y "Lucas" (Luc6:13), en ese mismo listado es simplemente Mateo. Con lo cuál comprobamos dos cosas:
- Que en "Marcos" y "Lucas", aparece un misterioso Leví que no pertenece a los doce, ya que lo nombran independientemente y por lo tanto Mateo y Leví están diferenciados.
- Que en "Mateo" únicamente, Leví es Mateo.
Y como el evangelio de Marcos es anterior, la contradicción parte de "Mateo" puesto que "Lucas" copia también servilmente de "Marcos" y utiliza la misma narración que este. Como ya se ha dicho anteriormente, el autor de "Lucas" procede como un verdadero cirujano, ya que tiene que coser y emparchar la fisuras narrativas más de una vez. Otro detalle llamativo es el hecho de que en el llamado de Leví en "Marcos" este es llamado "hijo de Alfeo", pero en la nómina de doce discípulos de los tres sinópticos, el hijo de Alfeo es ... ¡Santiago!. También vemos que en "Lucas" Jesús no escogió a el Lebeo o Tadeo de "Mateo" y "Marcos", sino a Judas , el hermano de Santiago (¿el hijo de Alfeo?... es un imposible pero postulémoslo así, de esta forma imitamos el criterio de los "santos padres" y la cuestión queda en familia). Salvo que esta persona (Lebeo-Tadeo-Judas) haya tenido un problema de doble o triple identidad, solo nos queda por pensar que estamos hablando de personas diferentes.
Claro, esto también se debe a las diferentes traducciones de traducciones y copias de copias por las que han pasado los textos inspirados. Se nos dirá como siempre: "eran nombres muy comunes en ésa época" o "poseían dos nombres ... etc" o "el primero es el nombre anterior y el segundo el nuevo, debido a un cambio espiritual profundo ... etc etc etc", pero un único nombre era identificatorio y fundamental, porque lo que se conoce como apellido en la actualidad, era tomado de la localidad en la cuál se nacía o lo heredaba del padre . El apodo en cambio, si gozaba de un amplio uso y era utilizado con frecuencia en un ambiente intimista y familiar. Como ejemplo baste mencionar a Simón, uno de los doce, que se le conoce como "el cananeo", "el cananita", "el zelote-zelotes" o "el celador".
También se puede extraer otra certeza de todo esto. Se ha adjudicado "Marcos" a Juan, que también se llamaba Marcos (¡que costumbre eso de tener diferentes nombres!), compañero de Pablo o Saulo de Tarso en sus primeras correrías apostólicas, quien luego lo abandonaría, para seguir a las órdenes de Pedro y redactar sus memorias ... que no eran tan buenas aparentemente. Entonces estamos hablando de un no-testigo, una persona que jamás había conocido ni visto a Jesús. Si Mateo hubiese sido un discípulo, que había comido, vivido y andado tres años aproximadamente con su maestro Jesús, ¿cómo entonces plagiaría las anécdotas de alguien que no lo conoció? Es ilógico pensar a todas luces que esto podría ocurrir, ya que un testigo escribiría sin influencias de un tercero ... ¡que sólo conocía un rumor vago y algo impreciso! (Marcos se escribió después del 70, año en que ocurrió la destrucción del templo ... algo más de 40 años después).
Sin lugar a dudas, "Mateo" implica un problema generado por el desconocimiento de lo que se cuenta en su historia. También los restantes evangelios ("Marcos", "Lucas", "Juan") y Hechos de los Apóstoles plantean los mismos y otros problemas tales como contradicciones y situaciones imposibles, que viéndolos en conjunto demuestran por ellos mismos la raíz legendaria y mitológica que poseen.
(1)Galimatías proviene precisamente de Mateos, por la manera de describir la genealogía que figura al comienzo de su evangelio, y cuyo significado es: lenguaje oscuro por la impropiedad de la frase o por la confusión de las ideas.