La Navidad es la forma amena de inculcar en los niños la divinidad de Jesús de Nazaret para que luego, a medida que crezcan, crean ciegamente en una religión inhumana que pregona que todos "somos culpables desde el nacimiento" y que si no fuera porque un Dios "infinitamente bueno" torturó a su "hijo único" porque "nos amaba mucho", jamás seríamos dignos de la "salvación" de un tormento eterno que tiene preparado a quienes no crean en él.
Los cristianos primitivos partieron de una fe con base que se puede ver plasmada en las epístolas de Pablo. Esta versión primitiva del Cristianismo carecía de interés en la vida humana de Jesús, pues casi nada de los relatos evangélicos aparece en ella. Sólo posteriormente se procedió a dotar a Jesús de Nazaret con una "Biografía" teológica, para lo cual se escribieron cuatro evangelios. Estos se escribieron varias décadas después de la muerte de Jesús de Nazaret, tiempo más que suficiente para que se generaran embellecimientos legendarios del Jesús Histórico.
Así, la evolución cronológica de la divinidad de Jesús es patente en los evangelios canónicos: En el primero, Marcos, escrito después del 70 E.C, se manifiesta la naturaleza divina de Jesús en el Bautismo (Mc. 1, 10). Marcos nada sabe del nacimiento o la infancia de Jesús. En el siguiente, Mateo, escrito del 80 al 90 E.C., la naturaleza divina del Niño se manifiesta a José en un sueño con ángeles (Mt. 1, 20). El siguiente paso de mitificación se da en Lucas, de 80 a 90 E.C., donde la divinidad del niño se manifiesta en un mensaje angélico "en vivo y en directo" a la madre del "Redentor"(Lc.1, 26) . Por último Juan, de 90 a 100 E.C., es tan teológico que comienza su evangelio declarando que Jesús era Dios desde la creación del mundo (Jn. 1, 1.14). De este proceso de adorno legendario del Jesús Histórico, los únicos evangelios que aportan presuntos "datos históricos" serían los de Mateo y Lucas, que se examinan a continuación.
El relato de Mateo se caracteriza por una obsesión insaciable por inventarse cumplimientos proféticos para demostrar que Jesús era el Mesías. Su descripción navideña comienza con un sueño de José donde se le comanda aceptar a María, ya embarazada. Cuando el ángel explica quién será el que mora en el vientre dice:
"...Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados". Todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta: "Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa "Dios con nosotros"." (Mt. 1, 21ss)
Ya en el comienzo se ve la urgencia del evangelista por achacarle el mesianismo a Jesús a toda costa, incluso retorciendo los textos del Antiguo Testamento para tratar de convencer de una profecía que a todas luces no se cumplió: "Jehosua" (Josué o Jesús) y "Emmanuel" son dos nombres semitas perfectamente distintos. Estos significan "Yahvé salva" y "Dios con Nosotros", respectivamente. Ni fonéticamente, ni etimológicamente los nombres son iguales. Si era cierto que el Mesías se llamaría "Emmanuel", entonces Jesús no podría serlo. Sólo quien anhela creer a ciegas puede pensar que ahí se ha cumplido una profecía. Pero las dificultades no paran ahí. La supuesta "profecía" a la que se refiere Mateo es un texto que le profetizó Isaías a su contemporáneo, el rey Ajaz, que estaba al borde de un ataque de nervios por la amenaza que a su reino hacían Rasón y Pécaj (Is. 7, 1ss):
"Volvió Yahvé a hablar a Ajaz diciendo: "Pide para tí una señal de Yahvé tu Dios, en lo profundo del Seol o en lo más alto." Dijo Ajaz: "No la pediré, no tentaré a Yahvé." Dijo Isaías: "Oíd, pues, casa de David: ¿Os parece poco cansar a los hombres que cansáis también a mi Dios? Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel. Cuajada y miel comerá hasta que sepa rehusar lo malo y elegir lo bueno. Porque antes que sepa el niño rehusar lo malo y elegir lo bueno, será abandonado el territorio cuyos dos reyes te dan miedo"." (Is. 7, 10ss)
Al leer la profecía resaltan algunas anomalías. En primer lugar, el texto hebreo original habla de una doncella o mujer joven, mientras que Mateo se basa en la Septuaginta (la traducción de las escrituras hebreas al griego, llamada Biblia de los LXX). En ésta, la palabra hebrea "almah" que significa mujer Joven, fue traducida con el término griego "parthenos" (virgen), desvirtuando el texto original de Isaías. Si los textos hebreos hablaran de una "virgen" habrían usado la palabra "Betulah". No necesariamente una mujer joven es una virgen, así como no necesariamente una virgen es una mujer joven. Mateo, leyendo una traducción errónea de los textos hebreos, terminó creando el mito del nacimiento virginal de Jesús; una fábula igual a cualquier mito pagano: Un dios como Yahvé, que suele bajar del cielo en forma de paloma y que "cubre con su sombra" a una niña hebrea llamada María para engendrarle un hijo llamado Jesús, es prácticamente indistinguible de un dios como Zeus, que baja al mundo en forma de Cisne para seducir a una chica Griega llamada Leda y para engendrarle un hijo llamado Polideuces (entre otros).
No obstante, hay problemas aún más graves. Tras una lectura de este relato resulta evidente que la señal a la que alude Isaías era una señal para Ajaz. También es obvio que la señal se refería a su tiempo; es decir, al tiempo en el cual los reyes que lo amenazaban serían alejados. Los cristianos le adjudican el cumplimiento de esta profecía a Jesús, lo cual es absurdo pues, aparte de la anacronía (la profecía supuestamente se cumplió unos 700 años antes de "Cristo"), resultaría curioso que Jesús, el supuesto Dios humanado, tuviera que aprender a "rehusar lo malo y a elegir lo bueno".
Este cumplimiento falsificado de "profecía", es sólo uno de los múltiples inventos de Mateo para tratar de convencer al lector de su Evangelio de que Jesús de Nazaret tenía naturaleza divina. Se encontrarán otros bonitos ejemplos en la próxima entrega.