El evangelio de los Juanes
En el artículo "Los evangelios y Mateo" veíamos una pequeña discrepancia en cuanto a nombres que variaban según la necesidad. El que en un principio era Leví (Mar2:14-Luc5:27), pasó a ser Mateo en el evangelio que lleva su nombre (Mat9:9). Lebeo o Tadeo también sufrió un cambio y milagrosamente en "Lucas" mutó su nombre a Judas, hermano de Santiago. Pero sucede que por ser mal pensados, este Judas se llamaba en realidad... ¡Judas Tadeo! que queda más lindo. Y debido a nuestra suspicacia, en realidad, estábamos hablando de la misma persona... mmm.
Estos evangelios, los llamados sinópticos, tienen que lidiar con "Juan", el "evangelio del espíritu". Si en los copiones de "Marcos, Mateo y Lucas" el problema se solucionaba fusionando a los otros discípulos que desentonaban con respecto a la historieta, en el cuarto evangelio el lío es aún mayor. Acá el conflicto no surge debido a un exceso de discípulos, sino a una gran falta de ellos. Porque en lugar de trece encontramos siete u ocho. En el comienzo del relato no es Simón, apodado Pedro el afortunado en tener la primicia del llamado. La suerte recae en su hermano Andrés, que estaba acompañado por otro, ambos discípulos de Juan, el Bautista. Luego se le une el propiamente dicho Simón Pedro, que llegó en tercer lugar. Para consuelo del pobre Pedro, se les une además Felipe y un tal Natanael (Jn1:45-51). Aquí la historia empieza a diverger completamente. Natanael, que sin ningún fundamento bíblico, salvo el de la desesperación, se lo identificaría luego con Bartolomé... ¿Ah?. Jesús tenía un especial interés por Natanael, al cuál trató de sorprender desde el comienzo. Cuando a Bartolomé... digo, a Natanael le dicen que encontraron "a aquél de quien escribió Moisés en la Ley y los Profetas, hijo de José de Nazaret", este pregunta: "¿Puede salir algo bueno de Nazaret?", Felipe le dice que vaya y lo vea por él mismo. A Jesús no le hubiera molestado mucho si alguien sin importancia (ya que aparentemente Nata no era nadie especial) no le daba el crédito debido. Sin embargo él lo endulza diciéndole: "Ahí viene un verdadero israelita; éste no sabría engañar". La conversación continúa hasta que el maestro, un poco harto de la retórica esquiva de este israelita desconfiado, usa su gran poder divino y gana a su nuevo y flamante discípulo. ¿Cómo?... con un milagro de adivinación que convencería al más escéptico de todos los hombres: le dice que antes de que Felipe lo llame, él lo había visto sentado debajo de una higuera... faaa !!!. Entonces, Natanael no puede ya objetar nada ante tamaña demostración de videncia y cree, tanto que inmediatamente lo declara "Maestro", "Hijo de Dios" y "Rey de Israel". Y si, Natanael era fácil de engañar nomás.
Llegado este punto y con un poco más de juicio, vemos que el autor finaliza aquí el llamado de discípulos. Sin embargo, se pueden encontrar algunos pocos más a medida que se desarrolla la historia. Ellos son, aparte de los ya mencionados: Judas, el hijo de Simón Iscariote (o Simón de Kariote), Tomás el Gemelo, Judas (no Iscariote) y "el discípulo a quien Jesús amaba". Lo que llama poderosamente la atención, es sin dudas, que por más que busquemos en el evangelio de Juan ... ¡no existe ningún discípulo llamado Juan!... Asombroso. Evidentemente, los primeros Padres notaron ese detalle y encontraron en una leyenda muy de moda en esa época (el mito del centenario Juan), la identidad secreta de "el discípulo que Jesús más amaba", que no hay que confundirlo con otro fantasma llamado "el discípulo anónimo" que también seguía al maestro. En realidad la confusión de Juanes es enorme, ya que el autor del cuarto evangelio se llamaría Juan el Presbítero o el Anciano (del griego presbiteroi que significa precisamente anciano), compilador de las memorias de Juan el Sacerdote, así designado por la escuela teológica sacerdotal de su contenido. Por otro lado, la asignación habitual de Juan el hijo de Zebedeo como su autor no sería posible debido a su muerte en el 44 d.E.C. aproximadamente. Cabría destacar también que el comienzo del evangelio dice: "Este fué el testimonio de Juan..." refiriéndose al Bautista, que con toda seguridad no escribió nada y dejó la puerta abierta para que algún Juan fuera el responsable de este evangelio. Ante tan nebuloso panorama, no sería un mal candidato suplente al puesto de autor intelectual.




Comentarios sobre El evangelio de los Juanes
Vaya parece que en sus origenes les costaba aun mas que en la actualidad ilbanar sus historias. En serio te digo que con un poco de documentacion puedes rebatir esta secta a cualquiera, tu blog es un arma amigo aunque en tus manos tiene el seguro puesto. Saludos